| LAGRIMAS DEL CIELO la mujer con sus enaguas, de paso ligero y rostro preocupado, por el agua, no del aguacero, por el agua del cerro, agua de las salinas, agua zarca, agua profunda, agua salada de sus habitantes, en las calles derramadas, por que de la concordia, nada solo historia que el tiempo borra, agua, solo agua ha quedado, y nuestro llanto se ha confundido, por el agua que del cielo ha caído, en la calle el gordo panzón, en su bolsillo un tostón, a lo lejos el viejo ford, único carro, a media esquina, las comadres de cascaron, de mucho respeto y tradición, sus hijos con el calzón cagón y de puntitas, llenando el buche, de leche del pezón, tiene cinco años y es muy tragón, en la casa nunca falta, la tinaja llena de agua zarca, de la posita de la tranca, que sabrosa y fresca, en el tapanco, la mujer esconde la causa de sus encantos, el huevo de rancho, el queso seco, el sonte de maiz y alguna que otra raíz, como la yuca y el camote, nunca faltan los cuentos, de banquetas empedradas, como la tishanila y la cocha encadenada, bajo la luz titilante, del candil humeante, mis ojos llorosos, la vista borrosa, en las esquinas, los bolos domingueros, acurrucados o embrocados, a un lado el perro flaco y sarnoso, por la pulga flaca y cansada, para su alivio, ni cenizas en el lomo, en el petate, el piche acostado, por haber tomado leche, gordo de abultado, en el fogón, la olla de frijol, y en el horcón, el gato y la rata, el piojo y la pulga alegrando el jacal, bailando con la vitrola, en la casa adornando, como collares de fuego aperlado, el chorizo y la longaniza y en el piso de tierra, recién mojado, la mujer con sus enaguas, remendando calzoncillos, de tanto parche,parece totopo, asi es mejor, no queda mal olor, ni resto de soplo, mientras con guacal se toma pinolillo, en los arroyos, la trucha y el chiguil, como carnada, el chile mecate y la lombriz, o la caca del calzón del aprendiz, y en la orilla el jobo y el cuinicuil, en la cocina nunca falta, la carne tasajeada, y si en el fogón se revuelca, primero la cachetada, eran estrictas, buenas madres, ni modos, pero mal tufo nada, por que tenian buena mano y buena leña, de brasil o chinté, ¿cuanto se ha perdido mire usted? y la tortilla en el comal, la panza debía levantar, por que si no, pobre, los dedos debían quemar, y las memelitas se cuecen mal, la hija al enamorado, ni siquiera la mano podía tomar, era con pañuelo, y como agradecimiento, llevar chimbo, turulete y buñuelo, a las suegras les encanta aunque al novio, después espantan, en la fonda de la media cuadra, la vendimia de pan francés, miel de dedo, el chimbo, empanizado, panisela, el turulete, el pan de arroz, el marquesote, el suspiro, el mazapán, el caramelo, el africano, el nuegado, uf, ya me dió hambre, esos, esos, si eran dulces, y se nos han ido, sobre todo, aquellos que lo han comido, saben, cuanto se ha perdido, es por eso que, lagrimas el cielo ha derramado, por que todo en el fondo, del embalse ha quedado, como las minas salineras, ojos de la tierra, lagrimas de la concordia, en tu vientre salado, figuras como avión y estrella, has formado y el visitante de tanto prodigio, de DIOS, a LA CONCORDIA, queda asombrado, CONCORDEÑO, ahora sabes, que el cielo derrama lágrimas, a través de sus aguaceros, por la tristeza y melancolía, de todo lo que en la concordia había, y hoy las nuevas generaciones, ya ni sabían. José Luis Samayoa Ocampo |